La fotografía naturalista es más que hacer fotos o sacar instantáneas al aire libre.
Es la fotografía y el rodaje desde la propia naturaleza lo que transmite cercanía a la naturaleza, quiere protegerla y no compite.
Percepción
Empieza con atención: a tu entorno, a ti misma y a la capacidad de estar abierta… y de seguir estándolo.
¿Cómo es tu entorno? ¿Qué ves? ¿Qué descubres cuando te paras? ¿No ha habido un pequeño movimiento, un reflejo de luz o un animal diminuto?
No todos los motivos se muestran de inmediato. Algunos primero quieren ser descubiertos.
Actitudes básicas
Una foto puede planificarse. Pero no es de eso de lo que se trata aquí, en primer lugar.
Quizá sea más importante cómo nos acercamos a un entorno: cómo nos tratamos a nosotras mismas, a los demás y a la naturaleza. Mucho de eso se refleja después también en las imágenes.
Puede sonar un poco patético, pero tiene un fondo de verdad.

Atención plena
Ayuda una actitud sin prejuicios. No sabes qué te vas a encontrar cuando sales fuera, y muchas cosas no se pueden controlar.
Pero puedes aceptar lo que hay.
Eso vale tanto para el entorno como para tu propio estado de ánimo. ¿Qué hueles? ¿Qué oyes? ¿Cómo se siente el suelo, una piedra, una hoja, la corteza de un árbol?
En esta percepción abierta, lo más posible sin juicios, suele estar el comienzo de una imagen.
Aprovecha la belleza natural y compón la foto en consecuencia.

Respeto
La fotografía cercana a la naturaleza también puede significar tratar el entorno con respeto.
A menudo no sabemos qué conexiones encierra un ser vivo o un lugar. Una planta, un animal, un hongo o un detalle aparentemente insignificante no tiene que justificarse ante nosotras para tener significado.
Quizá baste con dejarle espacio al motivo y encontrarte con él a la altura de los ojos.

Humildad
Lo que vemos ahí fuera forma parte de algo muy antiguo.
El ser humano moderno existe desde hace aproximadamente 300.000 años, pero la vida en la Tierra desde hace miles de millones de años. Esta dimensión temporal puede cambiar la mirada: muchas cosas a nuestro alrededor no están ahí para nosotras y, aun así, podemos encontrarnos con ellas.
En eso hay algo que podríamos llamar humildad.
Quizá esa actitud se muestre después también en la imagen: no como sumisión, sino como un reconocimiento silencioso de que el motivo es más que solo un objeto delante de la lente.

Tiempo
Una imagen no siempre nace al instante.
A veces hace falta un momento de contemplación para encontrar un acceso al motivo. A veces hace falta paciencia hasta que de una impresión surge una forma.
Y a veces algo se queda simplemente en una experiencia que, en ese momento, no se puede traducir en una imagen. Eso también forma parte de ello.
Movilidad
La flexibilidad no es solo una cuestión del cuerpo, sino también de la mirada.
A menudo una imagen cambia ya cuando cambias un poco tu posición: cuando te agachas, te pones en cuclillas, das un paso a un lado o te acercas.

Eso también se conoce en otros ámbitos de la fotografía. Quien fotografía a los niños exclusivamente desde arriba suele crear distancia. En cambio, a la altura de los ojos surge más bien una sensación de cercanía y autonomía.
Algo parecido ocurre en la fotografía de naturaleza. También los motivos pequeños —por ejemplo, escarabajos, arañas, conchas, flores u hongos— cambian su efecto cuando te encuentras con ellos en su nivel.
Sencillez
Para eso no hace falta necesariamente mucho equipo.
Una cámara o un móvil con el que estés familiarizada puede ser más que suficiente. La técnica puede ayudar, pero no sustituye la atención.
No es solo el dispositivo lo que hace la imagen, sino la manera en que miras.

