Hoy me han recordado algo importante… Imagina por un momento que estuvieras creando ondas.
Ondas que parten de ti y se propagan a tu alrededor.
Estas ondas son la influencia que tienes en tu entorno más cercano.
Familia. Amigos. Colegas. Da igual. Todos los que se cruzan contigo.
Tienes influencia. ¡Siempre! Y de ti depende lo que hagas con ella.
Es muy probable que impulses algo en tu entorno. Que desencadenes algo.
Cambias a las personas que te rodean.
Y ahora imagina que otros, que han recibido tu impulso, también crean sus propias ondas.
Qué desorden tan maravilloso.
Todo este movimiento. Todo este cambio. Nadie sabe dónde romperán las ondas en la orilla.
¿Quién lo hubiera dicho?
Yo, al menos, hacía tiempo que no lo tenía en cuenta.
No tengo que ser más grande, ni mejor y mucho menos más poderosa.
Soy suficiente. Y estoy bien. Tal como soy.
Y tú también lo estás. ¡Eres genial!
…¡Debemos permitirnos pensar que podemos cambiar algo para mejor!
De forma casual. Con suavidad. Sin violencia. Sin imponer lecciones a los demás.
Todo lo que tenemos que hacer es ser quienes somos.
Si amamos primero, otros amarán con nosotros.
Es un pensamiento bonito, creo yo.
Reconfortante, de alguna manera.


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