Atención plena. Respeto. Humildad. Tres conceptos imprescindibles para la convivencia humana. Por muy manidos que estén, me parecen imprescindibles para la fotografía. Muy especialmente en los retratos.
Atención plena
Esta palabra se usa muchísimo cuando se trata de aleccionar a otras personas. La palabra “atención plena” está bastante gastada. Aun así, te pido que me lo perdones si yo también tengo un uso para ella.
Tenga quien tenga la autoridad para interpretarla, quiero describir qué asocio yo personalmente con la atención plena.
Para mí, la atención plena representa una actitud abierta y libre de juicios hacia todo nuestro entorno actual y hacia nosotros mismos.
La atención plena permite darse cuenta de algo y abrirse a ello.
La atención plena también permite descubrir algo especial en aquello con lo que nos encontramos, en lugar de descartarlo como motivo porque no es lo que habíamos deseado. O incluso: porque no nos parece lo suficientemente bueno.
Notamos más lo que nos provoca. La atención plena es la puerta a la apreciación.
Respeto
Se dice muy fácil. “¡Respeto!” y “¡Lo has hecho bien!”.
Es especialmente fácil decirlo en ocasiones en las que algo se revela como “especial” porque algo es (también) difícil, largo, doloroso, agotador.
Pero tratar con respeto algo cotidiano no es algo con lo que casi nadie nazca.
Más bien aprendemos a ver lo supuestamente cotidiano y pequeño como algo especial y, por tanto, a respetarlo.
La comida caliente diaria. Los juguetes, los platos fregados, la casa limpia.
Y está bien que sea así. Pero de ahí a un respeto hacia cosas y criaturas que ningún ser humano ha creado (con esfuerzo y, por ello, merecedoras de respeto) y que aun así simplemente están ahí, queda todavía un buen trecho.
Respeto por la vida, por pequeña que sea, que hasta hace poco quizá ni siquiera habíamos notado. Respeto por un trozo de aparente naturaleza caótica que es un hogar para seres vivos, igual que nuestras cuatro paredes cuidadas con esmero o nuestros coches.
Se trata de encontrarse con la naturaleza, en cualquier forma, con respeto; simplemente porque es.
No porque “sea así”. Sino solo porque “es”. Eso basta. No tiene que ser distinta ni mejor.
Porque ese “así” de “así es” no lo comprendemos ni remotamente. Y convertir el respeto debido en una moneda de cambio por un “así” lo bastante impresionante es arrogante y vano.
Descubrimos lo especial en todo. El respeto es la puerta al trato de igual a igual.
Humildad
Después de aprender a darnos cuenta de algo y de aprender a respetar que está ahí tal como está, queda la pregunta por nuestra actitud.
La humildad, es lo que recomiendo.
Porque aquello de lo que nos hemos dado cuenta no es pequeño, sino muchísimo, muchísimo más grande que todos nosotros juntos.
Si ahora te has encogido… La humildad no es lo mismo que, por ejemplo, la auto-humillación o rebajarse a uno mismo. Para mí, la humildad significa reconocer al otro en las cualidades que lo caracterizan. Significa simplemente desprenderme de la sensación de ser mejor.
Hay, para cada aspecto, alguien o algo mejor. Esto primero hay que digerirlo.
Estamos abiertos a que nos superen. La humildad es la puerta al amor.
¿Qué tiene que ver esto con fotografiar?
Todo y nada.
Qué sentido y significado tiene este texto, hasta aquí, para TI, es solo cosa TUYA. Quizá algo resuene en ti. Quizá, a tus ojos, todo esto sea una completa tontería.
Ambas cosas son posibles. Y están bien.
Yo he observado y practicado estas tres cosas en mí.
Y creo que, gracias a ello, mis fotos se han vuelto “mejores”. Ya sea porque significan más para mí que antes o porque he aprendido a apreciar más los momentos en los que nacen.
Creo que, gracias a ello, he aprendido a mirar con más atención mis motivos y a pensar antes si puedo captar el motivo, si le hace justicia, cómo puedo acercarme (en el caso de animales: sin molestarlos) y, y, y…
En qué se convierten para TI estos tres conceptos —“atención plena”, “respeto” y “humildad”— es TU viaje.
¿Te apetece practicar?
Si quieres practicarlo, me gustaría darte un consejo.
Ya sea un macro o todo un paisaje… Por favor, primero deja tu cámara a un lado. Aún no la necesitas.
Tómate tu tiempo.
Observa. Con todos los sentidos.
- ¿Qué ha llamado tu atención?
- ¿Cómo te sientes?
- ¿Qué sensación te ha despertado?
- ¿Qué ves, oyes, hueles, sientes y percibes ahora mismo?
- ¿En qué entorno te encuentras?
- …
Y solo entonces empieza a fotografiar.
El motivo es que así aprendes a “ver”. El cerebro es plástico a cualquier edad. Y se moldea con todo aquello a lo que se enfrenta. Aprende patrones.
Serán patrones que te permitan encontrar motivos. Y patrones que te permitan fotografiar tu motivo de forma adecuada.


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